2.1. EL CARLISMO
Derrotado en 1876, el carlismo se redujo a un movimiento ideológico circunscrito socialmente al País Vasco y Navarra, zonas de gran arraigo del foralismo. Se dividió en dos tendencias.
Los integristas, encabezados por Ramón Nocedal, que critican el excesivo liberalismo del pretendiente Carlos VII y exaltaban los valores del catolicismo y su influencia en todos los ámbitos de la vida pública.
Los tradicionalistas, que, influidos ideológicamente por Juan Vázquez de Mella, evolucionaron hacia posiciones regionalistas. Frente al centralismo estatal, propusieron un nuevo marco institucional que albergará la monarquía tradicional católica y las nuevas aspiraciones regionalistas para evitar que surgieran opciones separatistas que pudieran poner en peligro la unidad de España. No obstante, el despertar del nacionalismo le restó influencia.
Los tradicionalistas se reorganizaron como partido político y obtuvieron algunos escaños en las sucesivas elecciones.

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