2.3. REGIONALISMOS Y NACIONALISMOS
Uno de los fenómenos más destacados durante la regencia de María
Cristina tras la muerte de su marido Alfonso XII fue el surgimiento de diversos movimientos regionalistas y nacionalistas en Cataluña, en el País Vasco y, de forma incipiente, en Galicia. En Valencia y Andalucía. El regionalismo es un movimiento que reivindica el reconocimiento de la identidad diferencial de una región, ya sea cultural, económica, administrativa o política. La transición al nacionalismo se produce cuando este movimiento acentúa su dimensión política y reivindica el autogobierno basados en el principio de las nacionalidades.
EL CATALANISMO
Se formó en la década de 1890 tuvo su origen en el renacimiento cultural (Renarxença) iniciado en la década de 1830 y en los cambios socioeconómicos experimentados a lo largo del siglo.
El catalanismo político partió de dos corrientes contradictorias ideológicamente : el federalismo republicano y el conservadurismo tradicionalista y católico.
El federalista Valentí Almirall elaboró las primeras formulaciones teóricas del catalanismo. Lideró la protesta contra los tratados librecambistas recogida en el Memorial de greuges (memorial de agravios) presentado a Alfonso XII, lo que supuso una aproximación de los intereses de la burguesía industrial a la ideología catalanista.
El proyecto político de Almirall fracasó y se inició el predominio del catalanismo conservador. Por un lado, estaban los defensores de un regionalismo historicista, tradicionalista y católico. Por otra parte, un sector moderado de la burguesía industrial empezó a apoyar el catalanismo como reacción a la política centralista del Estado. En este contexto, Enric Prat de la Riba fundó la Lliga de Catalunya (1887), que defendía un proyecto catalanista conservador.
En 1891 se constituyó la Unió Catalanista que elaboró el primer programa político del catalanismo, conocido como Bases de Manresa (1892). En ellas se reivindicaba un poder regional autónomo de carácter tradicionalista y antiliberal (sufragio censitario, ausencia de referencias a los derechos y libertades.)
La politización de las distintas instituciones se generalizó en la última década del siglo xix. Pero fue tras la pérdida del mercado colonial en 1898 cuando la burguesía industrial se comprometió activamente con el catalanismo político con el objetivo de reformar el sistema de la Restauración, incapaz de afrontar los retos de la moderna sociedad industrializada.
Así pues, a partir de principios del siglo xx, el catalanismo reivindicó la autonomía política en el marco de un Estado español.
EL NACIONALISMO VASCO
En el País Vasco, la reacción contra la abolición de los fueros después de la tercera guerra carlista (1876) originó un movimiento de defensa de las instituciones suprimidas y de recuperación de la lengua y la cultura vascas.
Se inició un proceso de concienciación en el vasquismo, identificado con la lengua vasca, las tradiciones, los fueros, el catolicismo y un cierto ruralismo idealizado. Fue el político Sabino Arana quien configuró el primer programa político nacionalista.
Afirmaba que la raza, la lengua, el ultracatolicismo y las tradiciones eran los elementos diferenciadores de la nación vasca. Se creó en 1895 el Partido Nacionalista Vasco, muy conservador y radicalmente opuesto al liberalismo, a la industrialización, al españolismo y al socialismo.
A finales de siglo, cuando moderó su radicalismo, el Partido Nacionalista Vasco obtuvo sus primeros escaños.
EL NACIONALISMO GALLEGO
El regionalismo gallego se inició como un movimiento cultural y literario, el Rexurdimento, que buscaba respuestas y soluciones al atraso económico y cultural de Galicia. Sus figuras más destacadas fueron Rosalía de Castro y Manuel Murguía, exponentes de un liberalismo progresista.
Paralelamente, se desarrolló una corriente conservadora, tradicionalista y fuertemente católica, heredera del carlismo, cuyo principal teorizador fue Alfredo Brañas, con su obra El regionalismo (1899).
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