3.2. LA REGENCIA DE MARÍA CRISTINA (1885-1902)
A la muerte de Alfonso XII víctima de tuberculosis, su segunda esposa,
María Cristina de Habsburgo, asumió la regencia con el apoyo de los
partidos dinásticos. Estos firmaron el Pacto de El Pardo, en el cual se
comprometieron a mantener la monarquía, a respetar los turnos políticos.
María Cristina otorgó el poder a los liberales, que, presididos por Sagasta,
gobernaron el país entre 1885 y 1890. El llamado Parlamento largo llevó a
cabo la liberalización del régimen.
Entre las medidas liberalizadoras, cabe mencionar las aprobaciones del Código
de Comercio (1885) y del Código Civil (1889);liberalismo económico y político.
El reformismo social, se aprobó la ley de asociaciones (1887), que favoreció el
desarrollo de las fuerzas antidinásticas, se instauraron los juicios con jurado y
se abolió la esclavitud en Cuba. En 1890 se aprobó el sufragio universal
masculino, aunque su aplicación práctica quedó muy limitada por el fraude
electoral.
La vuelta de los conservadores al poder en la década de 1890 supuso el
retorno a una política económica proteccionista, que satisfizo los intereses de
los industriales catalanes y vascos y de la burguesía cerealista castellana.
El recrudecimiento de las medidas represivas (ley antiterrorista de 1894)
contra los brotes de agitación social protagonizados, sobre todo, por los
anarquistas.
La política internacional mantuvo las mismas directrices que en el reinado
de Alfonso XII.
Los sucesivos Gobiernos tuvieron que abordar los graves conflictos coloniales
que afectaron a la sociedad española de fin de siglo.
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